Si diere lugar mi llanto,
que, en mis esquivos enojos,
el ocio quitó a mis ojos
y el ocio le dio a mi canto,
osara, pero el tormento
de mis penas desiguales,
sólo al tono de mis males
tiene diestro el instrumento;
porque de mis duros casos
es ya tan uso el rigor,
que sólo al son del dolor
acierta mi voz los pasos.
Y así, aunque tal ocasión
diverso estilo merece,
por mi dolor prevalece
la costumbre a la razón.
Vos, dichosamente altivo,
un nuevo Apolo espiráis,
y con tal plectro os mostráis
como nuevo Horacio vivo.
Luis Carrillo Sotomayor. De Redondillas al conde de Niebla, Don Manuel Alonso Pérez de Guzmán el Bueno.
Antes de que se perpetre la felonía del cerro de San Cristobal —una más— estos versos dedicados hace cuatro siglos al conde de Niebla quedarán aquí para el de Labajos. Por lo demás, podrán desmontarse los bloques de hormigón y venderse las flechas como ferralla, pero no por eso cesará su memoria ni tumbarán la altivez.
El retrato es obra de Carlos Sáenz de Tejada, y esta noche a las 21 tendremos acto de homenaje ante el monumento en Labajos.













