
Lo mejor del comienzo del verano es cuando coincide con las vacaciones propias, cosa que raramente sucede. Y para celebrar tan singular efemérides, como diría el diario de las tres letras, se me ocurre traer por aquí una sugerente imagen playera de los primeros 70, que resultaron ser los años dorados de la ocasional actriz y perseverante socialité Marisa Berenson, por aquel entonces parece que dedicada en exclusiva al modelaje.
La descubrimos hace años en aquel papel blandito que hacía en una de las películas más lentas de la historia del cine, el Barry Lyndon de Kubrick, y últimamente hemos sabido que es nieta (o bisnieta, que ahí me pierdo) del científico italo-marciano Giovanni Schiaparelli lo que vendría a ser una demostración de la mejora evidente de la raza. Sea como fuere, a la neoyorquina Berenson la dejaremos rebozase en la isla de Manhattan, mientras un servidor pone rumbo a la otrora conocida como Isla de los Conejos. Hasta el mes que viene.












