martes, 13 de octubre de 2009

Elegancia, cosmopolitismo y prisa


"Paul Morand, fue, hace veinte años, el escritor más universalmente leído y conocido de su época. Su Londres, su Nueva York sus crónicas y sus novelas europeas, concentraron el acierto y la justeza de una literatura que a todos asombraba y seducía porque llevaba implícita en su realización la más nueva y auténtica realidad de aquellos días: elegancia, cosmopolitismo, prisa."

Joaquín Romero Murube
. Paul Morand, viudo de Europa. De Memoriales y Divagaciones. Sevilla 1951.

A Paul Morand uno se lo puede imaginar elegante y cosmopolita, pero nunca con prisa, que puede que sea lo que diferencie de manera definitiva al viajero del turista. También podemos imaginarlo viajando con su colección de baúles forrados de piel, ya sea en barco o en avión, pero nunca en este Bugatti Tipo 35 con el que aparece en la fotografía de 1925, que con el fondo de la torre Eiffel tiene bastante de pose para el objetivo.

El caso es que al hilo del cinético comentario anterior, recordé esta imagen traída del fondo de la memoria, y he estado intentando comprobar si en alguno de los viajes sevillanos del francés llegó a coincidir con Fernando Villalón, de manera que pudieran conocerse. He fracasado.
Sí sabemos que trató con cierta asiduidad a Joaquín Romero y de ello nos dejó testimonio el palaciego en algunos de sus artículos geniales.
Sin salir del tema automovilístico —tan veinteañista— y por acabar reivindicando al Paul Morand poeta, frente al cronista y viajero por una Europa que dejaba de existir (de ahí lo de viudo de Europa que lo llama JRM.) podemos recomendar En el parque del Oeste, que comienza

Pasa el automóvil
reflejando en sus resplandecientes puertas
la imagen torcida de los paseantes, los convexos eucaliptos,
un césped alabeado
.../...

Se trata de la evocación en verso libérrimo de un atardecer madrileño y que podemos leer completo aquí gracias a la editorial Renacimiento.
En caso de que no les guste, que todo es posible, siempre se puede seguir mi proceder en los casos en los que nos enfrentamos a un autor extranjero que nos viene muy bien referenciado, que nos cae francamente bien, pero al que no encontramos su aquel cuando nos ponemos con su lectura: echarle la culpa al traductor. No es el caso. Marie Christine del Castillo resulta "fiel al tiempo que literaria" nos dice el editor. Así cualquiera.




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7 comentarios:

enrique dijo...

Elegancia y cosmopolitismo, no sobran en los escritores actuales...

Henrique Viola dijo...

En esa galería cinética y veinteañista que hoy nos regala se echa a faltar Don Alfonso XIII y el anuncio a azulejos del Studebaker en la calle Tetuán.

JL Martínez Hens dijo...

Estoy de acuerdo con Enrique en cuanto a la poca elegancia de la escritura actual. Si quereis un escritor elegante, leer a Mauricio Wiesenthal con su "Libro de Requiems"

Alfaraz dijo...

De este Wiesenthal escritor no conozco nada, será cuestión de remediarlo.
Respecto a Alfonso 13, don Henry, lo tengo en el purgatorio. A pesar de que me viene muy recomendado por Cesar González-Ruano y por Ud.


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Henrique Viola dijo...

No es que recomiende a Alfonso XIII, es que me parece una figura imprescindible para comprender la velocidad y muchas cosas de aquella España y de la nuestra.

Yo también lo pondría en el Purgatorio de por vida, pero por su salvamento de la cabra hispánica y el sarrio, amen de su labor por los prisioneros de la Gran Guerra lo absuelven de sus casi infinitos errores.

Alfaraz dijo...

Ya puestos, también habría que reconocer el impulso regio a la incipiente cinematografía sicalíptica. Auque solo fuera para el consumo propio.


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Henrique Viola dijo...

Mucho me temo que cuando estemos en el Purgatorio por usted no pedirá Alfonso XIII, los soldaditos de la Gran Guerra y las cabritas de Gredos.