viernes, 12 de agosto de 2016

Sílabas de infancia



Siempre es momento para volver a Astorga, y como vemos que de la última visita va ya para seis años, habrá que ver como terminó la obra. Las fotografías que nos llegan primero nos hacen echar de menos aquel anterior estado de abandono, aquel jardín en su descuido y la galería hecha añicos. Ya se sabe que la belleza de la ruina es mucho más literaria -que es de lo que se trata- que la rehabilitación a tanto el metro cuadrado.

Pero hay que reconocer, primero, el mérito municipal que ha mantenido en pie la que fue casa familiar de los Panero, y luego que finalmente se haya destinado a usos culturales, que parece que tampoco estaba clara la cuestión. Ya no correrá la misma desgraciada suerte que la otra de Castrillo y  ahora hay de nuevo motivo para volver a Astorga.
Entre esos muros de piedra decía Leopoldo Panero que siempre le sonaban sílabas de infancia y allí podremos ir en busca de la nuestra. 












miércoles, 18 de mayo de 2016

País de los castillos



País de los castillos, 
el cielo en donde siempre
caeremos
hacia arriba.


OLGA BERNAD, "Perros de noviembre". Ed. La Isla de Siltolá. (Sevilla 2016) Pág. 76.












martes, 17 de mayo de 2016

Campo Cerrado



No habrá que retrasar la enhorabuena a los responsables de la exposición "Campo Cerrado. Arte y poder en la posguerra española 1939-1953" del Museo Nacional Reina Sofía que repasa las manifestaciones artísticas de nuestra inmediata posguerra, porque estamos llegando a un estado de papanatismo tal que cualquier manifestación por aséptica que sea, siempre habrá quien la interprete como furibunda apología.
Eso sí, el recorrido por las salas de la tercera planta sigue desmintiendo el manido lugar común que tlda de erial el panorama cultural de los años cuarenta; de Ortega al arquitecto Coderch y de La Codorniz a Eugenio d´Ors.
 
El material inédito es abundante e incluye el retrato que Dalí hiciera del embajador Juan Francisco de Cárdenas que negoció los acuerdos hispano norteamericanos de 1953. Y sin querer hacer de la anécdota categoría, podemos descubrir que el pabellón de España en la Trienal de arquitectura de Milán de 1951 estaba comisariado por Rafael Santos Torroella, varios años encarcelado después de haberse  zafado de la condena a muerte en 1940. O  la represión no era tan sangrienta como nos dicen o alguien no estaba haciendo bien su trabajo en el Régimen.

Las fotografías corresponden al pabellón de España en la Trienal de Milán de 1951 y una de las versiones del retrato que hizo Pancho Cossío de José Antonio.











jueves, 30 de julio de 2015

En el cierre del Café Comercial



Al hilo de la noticia del cierre -repentino y misterioso, insisten los medios, como si hubiera algún misterio en la voracidad de las mutinacionales- nos hizo saltar el resorte de la memoria, junto con algunas tardes entre aquellos veladores, el recuerdo de esta anécdota invernal que nos trae Ridruejo en sus memorias. El centro de la escena lo protagoniza el mítico Pedro Mourlane Michelena, único al que no le apeaba el tratamiento aquella cuadrilla de tuteantes azules de la inmediata preguerra.

 «En los años del Europeo y del Comercial -café frente por frente donde se pasó la tertulia- y en los de la Ballena Alegre, las anécdotas de Mourlane cundían y se propagaban. Eran, por lo general, anécdotas que decían más del personaje hacia afuera que del personaje hacia adentro, aunque algunas no dejasen de revelarlo. Las más hacian por resaltar aquel desdén por la realidad -a la jineta- y aquella dignidad que, por el lado menos consistente, podría recordar al hidalgo del Lazarillo. [...] Otro dia de invierno estábamos en el Comercial, ateridos (Gistau, Rubio, Ignacio Catalán, Echarri, quizá Alfaro y algún otro). Llega Mourlane con un ligero impermeable de los que llamaban "pluma". Desabotonado, echado atrás. "¿Ha visto Vd. que frío, don Pedro?". "Sí, lo he leído en el Ya"».   

DIONISIO RIDRUEJO, "Casi unas memorias". Ediciones Península. (Barcelona 2007) Página 486.











jueves, 13 de marzo de 2014

El sublime sacrificio



« No estuvimos en Salt Lake City más que dos días. Por consiguiente no pudimos informarnos de la poligamia, ni obtener las acostumbradas estadísticas y deducciones consabidas para atraer una vez más la atención de la nación sobre el asunto...
Confieso, sin embargo, que yo tenía ese proyecto . Con la rebosante suficiencia de la juventud, me consumía en deseos de precipitarme de cabeza sobre este tema y suscitar una gran reforma en el país... hasta que vi a las mormonas. Y me sentí emocionado. Fue más prudente mi corazón que mi cerebro. Quedé hondamente impresionado en presencia de aquellos desgraciados seres, patéticamente feos, sin juventud y declaré, apartando la cabeza hacia otro sitio para que no fuese descubierta la generosa  humedad de mis ojos:
No, el hombre que contrae matrimonio con ellas lleva a cabo un acto de caridad cristiana que merece el beneplácito de la humanidad y no su censura acerba. El hombre que se casa con sesenta realiza un acto de sacrificio, sublime y desinteresado y la nación habría de quitarse el sombrero a su paso y reverenciarle en silencio..."»

MARK TWAIN, "Pasando Fatigas". Ed. Interfolio (Madrid 2010) Página 111.











lunes, 28 de octubre de 2013

Memòria personal



«...En cambio, para la pintura contemporánea, muy pronto me pareció que mi padre no tenía ningún gusto. Mejor dicho, tenía un mal gusto horroroso. No entendió nunca la pintura del siglo XX y todavía menos la que posteriormente hice yo, y esto último fue motivo de grandes disgustos. Cuando yo ya comenzaba a hacer algún cuadro me dijo un día -definiendo bastante bien sus ideales-: "Escucha, en lugar de pintar esas tonterías tan poco serias vamos a ver si serías capaz de hacerme un tema humano como el siguiente: un grupo de niños con caritas angelicales, que miran un teatro de marionetas, y su padre, que desde el escenario mueve los muñecos y asoma la cabeza por un lado para contemplar las reacciones de sus hijos queridos."»

ANTONI TÀPIES, "Memòria personal". Ed. Crítica (Barcelona 1977) Página 94.








miércoles, 4 de septiembre de 2013

Nostalgia del general ignoto



Diarista empedernido, las mejores páginas sobre el Madrid de su época se las hemos leído a Manuel Azaña, comparables por lo menos a las de Corpus Barga. Por su conocimiento de la sicología del madrileño, por lo ajustado de sus conclusiones y  la originalidad con que las expresa. Y cuando todo lo anterior lo aplica a contarnos cual era el ambiente entre sus compañeros de escaño en el Congreso, hay alguno que debiera apartarse antes de que la sinceridad de la cita lo aplaste.


«Por la tarde, en las Cortes, los diputados brillan por su ausencia. Me puse de mal humor, acentuado por la estúpida obstrucción que Ayuso y otros de su jaez hacen a la ley de Orden Público. No saben qué decir, no saben argumentar, ni piensan, ni apenas hablan. No se ha visto más notable encarnación de la necedad. Enmienda tras enmienda, ahítos de pedantería, y vacíos de sindéresis, se presentan como los auténticos defensores de la República. Todo es rancio en ellos, hasta la figura. Y lo que están haciendo me ha hecho pensar por vez primera, desde que hay República, en la del 73. Así debieron de acabar con ella. El espectáculo es estomagante. Si allí se hubiera levantado una voz con sentido común, habría sido para cubrirlos de improperios; diríase que estaban llamando a voces al general ignoto que emulando a Pavía restablezca el orden...»

MANUEL AZAÑA, "Diarios, 1932-1933. Los cuadernos robados". Ed. Crítica (Barcelona 1997) Página 401 correspondiente al 20 de julio de 1933.








miércoles, 10 de julio de 2013

Desafueros


«No deja de asombrar que este creador, probablemente, el más profuso y de los de mayor calidad literaria de su tiempo, haya pasado inadvertido para estudiosos y críticos durante tres cuartos de siglo. No es suficiente el purgatorio que hubieron de sufrir los escritores que ganaron la guerra porque, a partir de Falange y literatura (1971) la precursora antología de Mainer que, sorprendentemente, no lo incluye y apenas lo nombra diversos autores fueron rescatando los nombres del falangismo militante, por muy desaforados que fueran algunos de sus escritos. 
No así Borrás, sobre el que el texto más extenso siguen siendo las cincuenta y pico páginas bien informadas, por cierto que Entrambasaguas puso a su edición de La pared de la tela de araña...»


JAVIER BARREIRO, de su introducción a "Cuentos gnómicos" de Tomás Borrás. Ed. Anthropos (Madrid 2013) con estudio biográfico de José Antonio Martín Otín y análisis literario de Miguel Pardeza.











martes, 12 de marzo de 2013

Camino a Tamorlán


«...Fuera de la ciudad, entre el muro y el mar en derecho de la otra ciudad de Pera, hay muchas casas en que venden cantidad de cosas, y almacenes que tienen las mercancías que allí traen a vender por la vía marítima.
La ciudad de Constantinopla está junto con el mar, y las dos partes de ella están rodeadas por el mar, como os he dicho, y enfrente está la ciudad de Pera, y entre ambas ciudades está el puerto. Constantinopla es semejante a Sevilla y Pera a Triana; el puerto con los navíos en medio de las dos, y los griegos no la llaman Constantinopla como nosotros sino Estambul».

RUY GONZÁLEZ DE CLAVIJO. Embajada a Tamorlán. Edición de Francisco López Estrada. Ed. Castalia 2004. Pag. 89.










lunes, 4 de marzo de 2013

El polvo del olvido



«Misiones Pedagógicas marcó un hito que recogió la llamada Sección Femenina de la Falange para seguir una tarea que estaba marcada de antemano; quiero decir que, evidentemente, Torner, de la Residencia de Estudiantes, Benedito, del Instituto-Escuela, el mismo Federico, ya habían recogido, al lado de otros musicólogos etnólogos, la riqueza de nuestro folklore; la Sección Femenina no hizo sino continuar las directrices marcadas, pero con mayor riqueza de medios. A Alejandro Casona y a sus huestes le son debidas muchas, muchísimas cosas, pero ésas, como la labor de la Barraca, se cubrirán con el polvo del olvido; polvo y polvo que sin cesar cae, que nos atenaza, que nos cubre y del que nadie se librará porque la misión del polvo no es recordarnos nuestro origen -en realidad somos un poco de agua y un poco de limo- sino cubrirnos, como la capa pluvial que cubre al obispo de Valdés Leal».

    
LUIS SÁENZ DE LA CALZADA. La Barraca. Federico García Lorca y su teatro universitario. Ed. Revista de Occidente. Madrid, 1976. Pag. 119.