lunes, 21 de junio de 2010

Archivo F.X.


A Pedro G. Romero (Aracena 1964) le debemos ultimamente que haya conseguido meter dentro del Museo Reina Sofía la reproducción de una de las celdas de la cheka de Vallmajor de Barcelona con vídeo explicativo. Pero ya hace unos cinco años se nos había manifestado en el patio del Conde-Duque como el mayor estudioso de la iconoclasia en España entre 1845 y 1945 con el llamado Archivo F.X.
Al hilo del discurso teórico podrá decirnos, como así es, que "el que ataca a una imagen con un martillo es porque cree en el poder de esa imagen tanto como quien la venera".
Yo me conformo con que, sea por la investigación histórica o sea por la creación artística, se ponga luz sobre esa mitad que sigue en la sombra.
Por otro lado, la influencia del poder político en la causas de la iconoclasia siguen siendo las mismas hace ochenta años que ayer mismo.



3 comentarios:

enrique dijo...

Acabo de leer la agresión salvaje a la imagen al Jesús del Gran Poder sevillano.
Siempre me ha fascinado ese nombre "del gran poder". Increible.
Recuerdo que hace 4 años lo visité por primera y única vez y quedé largo rato mirándole. Le pedí una cosa que me concedió...

Henrique Viola dijo...

El tema de la inoclastia y la destrucción de patrimonio artístico en España desde 1808 hasta el presente está ciertamente en tinieblas y no se a abordar desde luego desde ninguna universidad. Pensamos en nuestra guerra civil, pero hay otros muchos (y estremecedores episodios): José I como Pepe 'Plazuelas' y Soult en Sevilla, la Desamortización, incluso el concilio Vaticano II.

Hay, naturalmente, una iconoclastia 'patológica' y otra instrumental desde ciertos poderes políticos. Uno se rie mucho cuando de cuando sale aquello de la misión salvífica de la República salvando la colección del Prado y la de los duques de Alba y la de los 'actos incontrolados' en los que tal o cuál pueblo quemó su retablo.

En fin, que salvo algunos catálogos provinciales escritos en el 1939, el libro de Gaya Nuño sobre la arquitectura española en sus monumentos desaparecidos y los comentarios irónicos de algunos historiadores del arte ingleses sólo nos queda el silencio.

Alfaraz dijo...

Pues ese, D. Henry, es un trabajo que le toca a los historiadores. Frente a los iconoclastas, yo concedo a los esquilmadores y a los ladrones el tener un cierto aprecio por la obra de arte.
El nivel más bajo de la especie sería el ejemplo que pone Enrique; el pobre tarado que sabe lo que hace.


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