miércoles, 22 de junio de 2011

Vamos a la playa


Lo mejor del comienzo del verano es cuando coincide con las vacaciones propias, cosa que raramente sucede. Y para celebrar
tan singular efemérides, como diría el diario de las tres letras, se me ocurre traer por aquí una sugerente imagen playera de los primeros 70, que resultaron ser los años dorados de la ocasional actriz y perseverante socialité Marisa Berenson, por aquel entonces parece que dedicada en exclusiva al modelaje.

La descubrimos hace años en aquel papel blandito que hacía en una de las películas más lentas de la historia del cine, el
Barry Lyndon de Kubrick, y últimamente hemos sabido que es nieta (o bisnieta, que ahí me pierdo) del científico italo-marciano Giovanni Schiaparelli lo que vendría a ser una demostración de la mejora evidente de la raza. Sea como fuere, a la neoyorquina Berenson la dejaremos rebozase en la isla de Manhattan, mientras un servidor pone rumbo a la otrora conocida como Isla de los Conejos. Hasta el mes que viene.








14 comentarios:

Anónimo dijo...

Explíquese, por favor, en eso de que va a irse a la "Isla de los Conejos"

Alfaraz dijo...

No hay motivo para la alarma, lo de la Isla de los Conejos parece ser el nombre que se le dio en un tiempo a cierta porción de la Bahía de Cádiz.
Con ánimo exclusivamente cinegético, por si hace falta decirlo.



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Anónimo dijo...

O sea que se va a aislar usted con los conejos.

Henrique Viola dijo...

De la Berenson Uno recuerda la suntuosa boda que realizó en Roma. Ya no sé si el reportaje lo contemplé en el Hola (la colección de mi abuela no creo que se remontara a la fecha)o si realmente la actriz se casó en Roma (la wikipedia ni lo confirma ni lo desmiente), pero sea como fuere es algo que se me viene a la cabeza cuando sale esta actriz.

Su papel en el Barry Lindon a mí me parece que lo supo desempeñar con bastante delicadeza. Tampoco es que representar a una mujer despreciada por su marido de para mucho más. (Igual es sólo así en mi recuerdo y Marisa Berenson es como un zahir, un aleph, un Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.)


Y de Barry Lindon uno recuerda la lentitud, pero es que en ninguna otra peli he visto reflejado también el tedio inevitable de las sociedades que antecedieron a la invención de la bombilla, con pesadas noches a base de veleas esperando que den las nueve o la diez para acostarse. Burla, burlando, sólo he vuelto a encontrar tamaño verismo en la reconstrucción del pasado en Orlando de Sally Potter (que me parece mucho mejor que el libro de la Woolf, pero esto es ya harina de otro costal).

Y le deseo las mejores vacaciones aunque no ha desinformado a todos con el cunicular juego de palabras. Uno pensaban en Mallorca, arrasada por los conejos según Plinio, Ibiza (odiada por los lepóridos) o en la insulsa Conejera. En fin, igual ese Ishapaim fenicio no es "tierra de conejos", sino "largas playas con suecas y chiringitos". Ya se sabe que los exploradores bautizan lo descubierto con lo primero que ven.

Anónimo dijo...

O sea, compañero, que se va usted a El Puerto de Santa María, al Coto de la Isleta,llamado también Isla de los Conejos, es decir a la Playa de Valdelagrana. Felipe V, con sus hijos luego Fernando VI y Carlos III iban a ese paraje para cazar conejos, durante sus vacaciones en El Puerto en 1729,1730 y 1731. Ahora esos pinares acogen a una urbanización en torno a la Playa. Allí como no cace usted el conejo de la Loles...

Olga Bernad dijo...

Bueno, pues feliz estancia en la playa, con conejos o sin ellos. La realidad impondrá su derecho de pernada y las imágenes que usted verá no serán todas como las de la amiga Marisa, pero quizá alguna la mejore. Chi lo sa.
Mis mejores deseos.

José Luis Martínez Hens dijo...

El mejor sitio en la mejor época. Pocas suecas pero ya sabes que las que vienen ahora por la Costa del Sol no son como las de tiempos de Girón. Si pasaras "de paso" por mi rincón, pega un toque. En Málaga hay motivos artísticos para una visita con el Thyssen, Picasso y la expo de Perez Villalta en el CAC.

enrique dijo...

Vengo yo de unos pocos días playeros, en Málaga.
Que disfrutes mucho de aquella bahía y sus ecos literarios.

Alfaraz dijo...

Gracias Anónimo, por tan erudito comentario. A estas alturas menos anónimo que erudito, claro está. La afición a los conejos de la monarquía española tiene tanta tradición como el Toisón de Oro, por lo menos.



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Alfaraz dijo...

La suntuosidad de la boda romana de la Berenson, Don Henry, resultó inversamente proporcional a la duración del matrimonio.
Y otra vez coincidimos en que la película Orlando mejora la novela de Virginia Wolf. Y encima se despacha en hora y media.



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Alfaraz dijo...

Gracias, cara Olga, por tus buenos deseos. Ya se sabe que la realidad suele superar a la imaginación. De momento escribo casi con los pinreles en el agua, que ya es bastante




José Luis, antes de que termine el verano pasaré por Málaga, te avisaré con tiempo. Enrique ya veo que me ha cogido la delantera.



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Henrique Viola dijo...

La verdad es que podíamos iniciar un listado de películas memorables que redimen plúmbeos novelones británicos como "Orlando" o "Una habitación con vistas".

El Orlando filmado incorpora además a esa greatest hist ochentero que fue Jimmy Sommerville. Y es que en esos años se atrevían a todo. Todavía recuerdo con delectación esa versión de Metrópolis con bailables de Giorgio Moroder y hasta de Bonnie Tyler. La crítica ha dicho tantas barbaridades sobre este ejercicio de deconstrucción que actualmente no se encuentra por parte ninguna. Parece como si la hubiera soñado, algo asi mítico como la boda de Marisa Berenson.

Que por cierto parece que la Berenson era judía. Algo que para un americana que se casa en Roma en plan rumboso debe ser un detalle de poca importancia.

Anónimo dijo...

¡Oh, Alfaraz! Has abandonado la Isla de los Conejos y te has sumergido en la endiablada urbe. Menos mal que podrás ir a ver la exposición de Antonio López y disfrutar de los placeres de la Capital del Reino, que no son pocos. Pero, por muchos que sean, prefiero la retirada vida, lejos del mundanal ruido, de los pocos sabios que en el mundo han sido.
No lejos de la Isla de los Conejos, en el mismo término municipal de El Puerto de Santa María, el año 1988, cuando se excavaba el poblado fenicio de Doña Blanca apareció una cocina con un conejo en el fogón, asándose, abandonado, como la ciudad , cuando los fenicios, ante el impresionante incendio de todo el poblado, lo dejaron desierto.
Tú has dejado abandonados los conejos en su Isla y has huido, como un vulgar fenicio espantado.

Alfaraz dijo...

¡Ah! preciosa la historia del conejo abandonado de Doña Blanca, tendríamos que seguirle la pista .
¿Que harían con él, estará en una vitrina de museo de Cádiz? ¿se lo darían a comer a Franquito Román?




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