miércoles, 22 de febrero de 2012

Giocondas


Dudo mucho que el proverbial chovinismo de los franceses les permita algún día reconocer la evidencia que ayer nos explicaban en el museo: que la auténtica Gioconda salida de la mano de Leonardo es la que está en el Prado y la del Louvre es una copia de alumno, aventajado, eso sí. Sus comprensibles resquemores porque cualquier evento deportivo con nombre francés lo gane invariablemente un español evita que por el momento los especialistas suelten la noticia bomba. Para demostrar que no somos rencorosos vamos a prestarles la nuestra, que a finales de marzo se va a exponer junto a otras obras de Leonardo en el mismísimo Louvre.
Lo tardío del hallazgo se debe a que una radiografía descubrió ese fondo magnífico de sucesivas veladuras de añil debajo de una espesa capa negruzca que ya ha sido eliminada. Paisaje de fantasía que voluntariosamente intenta imitar su hermana parisina, como pronto va a demostrarse cuando ambas se encuentren. Por ahora, la auténtica Gioconda recibe visitas en la sala 49 del Prado.

Y todo esto el día que nos devuelven desde las costas de Florida el tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, que son monedas de oro y plata como para alicatar el museo Naval de Madrid. Escama que nos estén saliendo tan bien las cosas, alguien debe estar de vacaciones en el ministerio de Cultura.












5 comentarios:

Olga Bernad dijo...

No tenía ni idea. Como siempre, pasarme por aquí es aprender algo. Guerra de Giocondas. Qué bonito, no me digas;-)

enrique dijo...

No se descarta que los franceses digan, además, que Leonardo se dopaba...

En la proverbial tradición madrileña, los cronistas y expertos en la vida cultural de la villa son naturales de otras provincias. Este es el caso.
Sólo falta que me haga cronista sanluqueño...

Alfaraz dijo...

Pues sí Olga, todas las guerras fueran éstas. Y habrá que volver a Sanlúcar para doparse a base de manzanilla.


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Henrique Viola dijo...

El principal misterio es cómo no se la llevó Pepe Botella (y de rebote el duque de Wellington) si tenía el tamaño ideal para llevársela en el equipaje del Rey José.

Alfaraz dijo...

Pensaba que en París tenía la auténtica.



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